Bailando en contra la opresión

13 de agosto de 2014  Laia Jorba-Galdos  Noticias  Sin comentarios

La campaña One Billion Rising for Justice no está reconociendo la raíz sistemática de la igualdad de la mujer, así como su intersección con el racismo y el clasismo moderno. Debido a que la campaña emplea flash mobs como uno de sus principales medios, a uno no le queda más que pensar que están perdiendo el baile como una forma de demostrar resistencia. Aunque este pequeño artículo no pude hacer justicia en este tema, es un intento de dar a conocer cómo el baile ha sido utilizado para combatir la opresión mediante su diversidad cultural y su lucha histórica.

Los bailes de resistencia son subversivos porque cuestionan la norma y desenmascaran la constitución o roles y los entes de las diferentes culturas, haciendo temblar las ideologías en el poder. Esto ha sido el objetivo de muchos bailarines modernos, así como en los más recientes coreógrafos. Pina Bausch y Matthew Bourne son ejemplo de esto en la cultura occidental. Chandralekha, un coreógrafo de la India, ha cuestionado la “condición de la mujer en India” y su rol en la familia y en el matrimonio. Tan peligroso como es la subversión de los roles, es la afirmación del placer del cuerpo. Algo en que los bailes caribeños han sido confirmados por siglos como una expresión saludable de vida y personalidad.

También podemos ver las maneras en las cuales los grupos no dominantes han empleado el baile y los movimientos para expresar un sentido de pertenencia e identidad. El baile es un medio para luchar contra la marginalización y el declive de las culturas. Luego de la conquista española, muchas prácticas artísticas corporales Mesoamericanas y bailes indígenas (por ejemplo: Amoxtli Azteca) fueron prohibidas. Estos bailes fueron rituales culturales, políticos y religiosos; pero después de la conquista, se convirtieron en una forma encarnada de identidad, orgullo cultural y resistencia, que aún viven en las manifestaciones del mundo actual. En la región Andina, el baile tradicional (Qoyllur Rit’i) estuvo ligado a rituales impuestos por los conquistadores españoles católicos, ocultos a la vista de la cultura dominante mientras se resistía los esfuerzos represivos de los conquistadores. También podemos ver bailes encubiertos en la Capoeira, una forma artística brasileña antigua (con raíces en los bailes grupales africanos), utilizada por los esclavos para disfrazar la lucha y prepararse para la libertad.

El baile también ha sido un medio para aquellos grupos marginalizados que fueron creciendo en números y lucharon para tener voz dentro de la cultura dominante. De hecho, en Japón, el baile Sukeroku expresó simbólicamente la resistencia de las personas contra la clase samurái predominante en el s. XVIII. Este significado oculto ayudó a la clase insurgente a construir su propia identidad y poder. La representación artística ha ayudado a comunidades a canalizar su frustración a través de la creatividad. El break-dance y el hip-hop son un intento por criticar, expresar, transformar y adaptar situaciones difíciles de la vida. Estos estilos también encarnan la necesidad de los jóvenes para reforzar y prepararse para la lucha que tendrán que encarar en el futuro, como haría el hermano mayor.
Finalmente, existen prácticas que intentan recuperar la historia perdida, como la Ailey Company. Él es un icono de la diáspora de los artistas Afro-American, quienes están comprometidos en honrar la lucha histórica y la diversidad étnica de los Estados Unidos en un gran esfuerzo ecuménico.
En esencia, el baile en las diferentes culturas ha sido utilizado para expresar identidad y culturas de subversión. Tiene la gran habilidad de transformarse y modelarse a través de los años, adaptándose a nuevas realidades y manteniendo la integridad de su filosofía.

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