Adam Sadler, animación, y otro ejemplo de trivialización de la violencia sexual en películas para niños, como en “Hotel Transilvania”.

13 de agosto de 2014  Sophia Surage  Noticias  Sin comentarios

En la película Hotel Transilvania de 2012 de Sony Pictures Animation, Adam Sadler interpreta la voz del Conde Drácula, quien construye un magnífico hotel monstruoso y en donde diferentes personajes del género del terror descansan en paz sin la presencia de humanos. A medida que la hija del Conde Drácula atraviesa la etapa de la adolescencia, comienza a sentir curiosidad por el mundo que se encuentra fuera del Hotel Transilvania. Eventualmente, ella se enamora de un joven humano llamado Jonathan, quien se topa con el hotel mientras viajaba por el bosque. Jonathan, al darse cuenta de que los monstruos del Hotel Transilvania son “reales”, y que no se ha tropezado con una fiesta de disfraces, comienza a lidiar con la curiosidad y la diferencia. En dos escenas diferentes, Jonathon interactúa con una pareja de esqueletos heterosexual en maneras que son perturbadoras e innecesarias para la trama de la película. Ambas escenas negocian entre los géneros y los temas en torno al consentimiento, y se basan en relatos incuestionables sobre los derechos de los cuerpos femeninos y masculinos.

En la primera escena con la pareja de esqueletos, Jonathon descubre que el esqueleto femenino es “real” después de caminar hasta ella y clavarle la mano en su caja torácica.

Parte de la ironía/humor asociado con la escena se basa en la falta de carne en el esqueleto, órganos sexuales, y otros marcadores de género, y por lo tanto, su presunta falta de capacidad para ser violada sexualmente. Además, la identidad del esqueleto se comunica exclusivamente a través del desempeño, el lenguaje corporal y los gestos. En este sentido, la actuación del esqueleto indica la feminidad, seguida por el “voyerismo” y el derecho de tocar. Lo que implica que sufrir de violencia sexual es inevitable al ser femenina. Jonathon, al deslizar su mano en la caja torácica del esqueleto, sus expresiones faciales indican placer y curiosidad. La interacción se interrumpe cuando el esqueleto femenino grita, le da una bofetada, y se resguarda mientras su marido, agresivamente, lo enfrenta. El esqueleto “masculino” exclama: “Saque sus manos de mi esposa”, en lugar de la frase “mantenga sus manos fuera de mi esposa”, haciendo hincapié además en la ironía de que son esqueletos, pero también jugando con insinuaciones sexuales en torno a estar dentro de alguien en términos de intimidad sexual.

En la segunda escena, incluyendo a los esqueletos, el Conde Drácula y Jonathon interfieren accidentalmente con el esqueleto de una mujer mientras ella se duchaba. Mientras que el Conde Drácula se disculpa profusamente y mira hacia otro lado, Jonathon sigue viéndola, con una expresión de curiosidad y satisfacción. Un punto clave que atañe a esta escena es que el esqueleto femenino está siendo observado mientras se baña en su habitación del hotel, lo que cae dentro de la definición de acoso sexual, ya que ella tiene una expectativa razonable de privacidad. Además, Jonathon sigue mirándola, aunque ella se siente claramente incómoda, lo que implica que él tiene derecho sobre su cuerpo para su propio placer sexual. Una vez más, el esqueleto se resguarda y su pareja masculina interviene expresando su propiedad sobre el cuerpo de su esposa.

En un sentido positivo, estas escenas podrían llevarnos a pensar que el acoso sexual no es sobre el sexo, sino sobre el poder y la capacidad de invasión, y cómo las víctimas experimentan agresiones de maneras diferentes. Las escenas son problemáticas debido a que implican que el acoso sexual es una parte inevitable en la vida de una persona de sexo femenino, y que las mujeres están esencialmente indefensas sin la protección del hombre. Además, el hecho de que la película sea animada permite que estas interacciones sean vistas fuera de su contexto más real. Estas escenas presentan al “voyerismo” sexual y al contacto no consentido de manera divertida y aceptable, a menos que ofenden al hombre, quien ya tiene derecho sobre la mujer al ser ella el objetivo. Por último, la ironía en cuanto a los esqueletos es que no se consideran personas “reales”, ya que carecen de tejidos y órganos; aunque ambas escenas vívidamente representan una violación del cuerpo/persona, aún estas siendo esqueletos.

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